Diego La Hoz: “El teatro es un espacio para crear en libertad”

“Es interesante observar el trabajo de los colectivos o grupos teatrales de las principales regiones del país”, nos dice en la presente entrevista el director y fundador de Espacio LibreTeatro, colectivo que celebra 20 años de vida

Espacio LibreTeatro cumple 20 años de trabajo ininterrumpido en el campo de las artes escénicas locales. Hablar de este emblemático colectivo, es hablar de un teatro fresco pero sobre todo crítico. Su innovadora propuesta teatral marca un antes y un después en la cartografía teatral peruana. Para celebrar este trajinar escénico empezaron el 2018 reestrenando parte de su repertorio. Los Funerales de Doña Arcadia y Mientras canta el verano, cerraron su temporada itinerante hace unos días. Los jueves 12, 19 y 26 de abril a las 8 de la noche en la Asociación de Artistas Aficionados (A.A.A.) va Paréntesis, el unipersonal de Karlos López Rentería. Sobre estos y otros temas charlamos con Diego La Hoz, director y fundador de Espacio LibreTeatro.

-Diego, antes de dialogar sobre Espacio LibreTeatro, empecemos por darle una mirada a la cartelera teatral local por naturaleza ecléctica. La Plaza y la Asociación de Artistas Aficionados (A.A.A.) nos ofrecen estrenos de manera permanente. La primera labora de manera empresarial y la segunda es autogestionada. ¿Por qué es vital construir un teatro desde una praxis de resistencia?

-El teatro opera desde la justicia. El teatro es un espacio para crear en libertad. La libertad sin justicia no existe. En la medida que espacios empresariales como La Plaza existan es oportuno contar también con espacios de resistencia para que puedan contener la voz invisible de aquellos que por distintas razones son silenciados. Silenciados por la pacatería de la sociedad o por la falta de recursos. Es muy difícil acceder a los presupuestos privados y a los poquísimos estatales. Todos tenemos derecho a contar nuestras historias y contarlas desde la verdad. Nuestra verdad. Por eso, tener espacios de todo tipo es importante. Es en la diversidad donde construimos esa verdad. Es urgente comunicarnos y facilitar espacios para el diálogo.

-Eres uno de los pocos directores que dialoga con sus pares de los diversos conos de la ciudad y las regiones del país, sin embargo, no observo ese mismo interés de las entidades públicas por impulsar el teatro regional.

-Así es. Como grupo teatral tratamos de recorrer todo el país con recursos autogestionados. Es alarmante que el Estado no adopte políticas de fomento a las diversas disciplinas artísticas/culturales de manera integrada y sostenible. Por ejemplo, este 2018, el Ministerio de Cultura, según fuentes confiables, no continuará con el Concurso Nacional de Nueva Dramaturgia Peruana que solo ha durado cinco años. Fíjate, además, que en el Día Mundial del Teatro tampoco se hicieron los reconocimientos a las personalidades de nuestro teatro a los que, durante una década, hemos estado acostumbrados. ¿Nos dará el MINCUL alguna explicación o tendrá mejores planes? Lo más probable es que no digan nada. En contraparte, el teatro empresa, los centros culturales privados y los teatros de resistencia, sin duda seguirán haciendo su tarea con sus festivales, encuentros y concursos de dramaturgia. No es posible que el Estado siga dando la espalda a una efectiva política cultural.

-En paralelo y de manera casi invisible la labor que hace el proyecto Puntos de Cultura es efectiva.

-¡Sí! Felizmente es un programa que poco a poco se está consolidando. En 2016 logramos que se apruebe la Ley de Promoción de Puntos de Cultura que movilizó a mucha gente de todo el país. Principalmente articula en una Red Nacional de organizaciones sociales que mantienen un trabajo sostenido desde el arte y la cultura. Eso nos vincula a nivel nacional. Este es un trabajo en equipo de participación ciudadana apoyado por un extraordinario grupo humano que nos representa muy bien en el Ministerio de Cultura. Ojalá el programa Puntos de Cultura nos permita seguir peleando desde adentro, y de abajo para arriba. Ojalá.

-A nivel regional. ¿Cómo se desarrollan los colectivos teatrales en este momento?

-Es interesante observar el trabajo de los colectivos o grupos teatrales de las principales regiones del país. El teatro en Arequipa, Chiclayo, Trujillo, Tacna, Huancayo, Piura, Ayacucho y Cusco está creciendo de manera visible. Hablo de lo que conozco directamente. Si observamos de manera integral, estas ciudades principalmente, cuentan con un mayor número de actores, directores, escritores, casas culturales y, por lo tanto, colectivos.

Por ejemplo, en Arequipa se abrieron las casas Gallito de Papel y Teatrando. Piura cuenta con el excelente colectivo de mujeres activistas llamado Parada Alterna. Ellas desarrollan un excelente trabajo teatral y tienen su Casa Activa. En Tacna, tenemos la Casa Laramamango como un proyecto interdisciplinario independiente, y desde la semi clandestinidad Rayku Teatro se hace notar con la claridad que los caracteriza. En Cajamarca se ha logrado consolidar el grupo Algovipasar y su nuevo espacio. Trujillo y Chiclayo siguen afinando la red del norte con festivales, intercambios y proyectos de gestión cada vez más relevantes.

Cusco articula importantes proyectos escénicos que involucran danza y música. Tania Castro y Q’ente Teatro son un referente de alto vuelo. Huancayo sigue siendo, a mi juicio, la ciudad que más desarrolla un discurso escénico. Los históricos grupos Barricada y Expresión siguen construyendo y reconstruyendo –cada uno a su forma- un sólido camino para las nuevas generaciones. Puedo enumerar ciudad por ciudad pero nunca acabaríamos. Pese a ser excesivamente centralistas, aquí en Lima y alrededores, se está desarrollado un teatro local importante.

 

-Observo de tu parte un afán por integrar a todos estos colectivos o grupos de los diversos puntos del país.

-No podemos estar dispersos. El teatro es colectivo y eso implica aprender a estar juntos. Tenemos que estar integrados e interconectados. Trato de viajar lo más posible con EspacioLibre para observar e intercambiar experiencias. Pero sobre todo para contar lo que vemos. Se trata de tejer un teatro nacional vivo, que vibre y opere desde la diferencia… Y desde ahí aprender a mirarnos la cara con tolerancia y respeto.

-Dramatúrgicamente en Lima existe un cambio concreto. Se escriben historias sobre la guerra interna, LGTB, racismo…

-Hace algunos años atrás observaba este tema con mucha desesperanza. A partir de los concursos de dramaturgia y los espacios para el diálogo está apareciendo un pensamiento más crítico y frontal. Tengo fe en las nuevas generaciones. Observo impulsos de escritura muy saludables.

-Consideras que estos cambios también se registran en el tema actoral e interpretativo, en las producciones…

-El interés por crecer y mejorar escénicamente debería estar acordé a la calidad del resultado. Sin embargo, pocas veces sucede. El año pasado formé parte del jurado del Concurso Nacional de Nueva Dramaturgia del Ministerio de Cultura y observé la interesante calidad de los textos de los participantes. Contamos con un grupo de jóvenes dramaturgos muy interesante. Se arriesgan con lucidez y mucho menos miedo. Aun así tenemos que romper con los paradigmas. Seguimos trabajando con patrones muy limitantes. Claro, es difícil quitarnos el patrón de la cabeza. Tenemos que acabar con ellos y elegir la libertad de la palabra. El siguiente paso es quebrar la propia dinámica de lo que se escribe. Empezar una nueva lúdica en la escritura. Para luego, y ojalá en paralelo, mejorar el nivel de la puesta en escena.

-Te refieres a la dirección teatral…

-Absolutamente. Faltan buenos directores. Para que un texto dramático esté completo necesitamos directores arriesgados. Capaces de ver más allá sin subestimar al espectador. Que sepan observar con limpieza y cuidado su escenario. Encuentro un demérito en la teatralidad de las propuestas escénicas. Es necesario mirar con ojo crítico la puesta en escena de manera global. Existe un divorcio entre lo que se escribe y la dirección teatral. Nos enamoramos muy rápido de un texto y no lo proyectamos con cabeza fría.

-Nuestra escena teatral cuenta con actores y directores de sólida formación. Algunos directores incluso adaptan los textos que ponen en escena. ¿Cómo observas esta mecánica?

-Creo, sin ser soberbio, que alrededor de nuestros maestros hay mucha mitología. Mitología que los medios masivos han ayudado a perpetuar. Si en una obra determinada va actuar uno de los denominados maestros de la actuación, esto no necesariamente garantiza que la obra sea la mejor del año. Esto no significa que el actor sea malo. Sencillamente hay proyectos teatrales que funcionan y otros que no funcionan. Hay que aprender a diferenciar entre una obra buena y una obra exitosa. Hay que bajar del pedestal la figura del maestro y ponerla frente a nosotros. Si alguno se ofende, no es maestro. Muchos de ellos están formando creadores escénicos en burbujas que no precisamente están pensando el Perú.

-Estamos hablando de un teatro centralista…

-Básicamente hablo del teatro “limeño”. Pero también sucede en el interior. Pensar que el teatro peruano es aquel que se desarrolla solo en nuestra ciudad capital es una burbuja. Seguimos creyendo que para hacer buen teatro tenemos que aprender a hacer Shakespeare. La inefable mirada eurocéntrica promueve patrones, por eso es patriarcal y pontifican verdades absolutas.

-Justamente en una de nuestras últimas entrevistas a Carlos Tolentino nos dijo tajantemente que “dejemos de mirarnos al ombligo…”

-Coincido totalmente con Carlos. En varias entrevistas también he manifestado que nos encanta mirarnos al ombligo. En eso sí somos expertos. Debemos observar la escena teatral de manera global y crítica. Particularmente, soy muy crítico con lo que hago, nunca estoy conforme…

-El teatro por naturaleza es autocrítico, ¿no?

-Pero en nuestra ciudad no lo es. El teatro local no es crítico y no lo será por un buen rato. Nuestro teatro se preocupa más por ser políticamente correcto. Aceptable. Sigue funcionando arcádicamente. Sigue existiendo el teatro de familias, de comarcas y colonias, de apellidos bonitos… Salazar Bondy le llama “la estafa arcádica”. Cada vez estamos más encerrados. Debemos abrirnos a la conquista de la libertad.

-En los últimos años se han gestado colectivos teatrales feministas, LGTB, afrodescencientes cuyos trabajos dramatúrgicos parten de la cruda realidad que los violenta.

-¡Bienvenidos sean todos! Este es punto favorable para nuestros teatros. Tenemos que luchar de manera conjunta. Ninguna lucha de minorías es suficiente, ni exagerada. Ninguna. Hay que levantar la voz. Es importantísimo el surgimiento de estos colectivos con una voz clara y frontal. Son fundamentales por el valioso trabajo escénico e intercultural que desarrollan. Estos colectivos activistas o “artivistas” como se suelen llamar son claves en la sociedad de hoy. Si queremos crecer como sociedad tenemos abrazar la diferencia.

-Diego. Son casi veinte años de trabajo al frente de EspacioLibre. Aprendizaje y caídas. Siguen en la brega, en la lucha…

-¿Por qué no seguir? El teatro es una vocación que he alimentado con mucho esfuerzo. Fui elegido y elegí. Con los miembros del grupo sucede lo mismo. Aún tenemos muchas aventuras pendientes. Como personas y artistas jamás terminamos de aprender. Mientras exista un público ávido por escucharnos, por buscarnos, por acompañarnos, EspacioLibre seguirá andando.

-A la distancia y apelando a tu vocación crítica. ¿Cómo observas a EspacioLibre?

-EspacioLibre ya no es de Diego La Hoz. EspacioLibre es un lugar que le pertenece a mucha gente. Que es habitado por mucha gente. Seria egoísta de mi parte decir algún día que se acabó. Felizmente ya no depende de mí. El grupo ha albergado, y alberga, personas de diferentes puntos del país e incluso de fuera. Este verano tuvimos estudiantes de Chiclayo, Huancayo, Arequipa e Iquitos. Nuestro trabajo teatral continúa…

-Los montajes de EspacioLibre marcan un antes y un después en la cartografía teatral peruana. Siempre críticos con una sociedad colonial, arcaica. El público llega a sus espacios con sumo interés.

-Nuestro teatro, además de ser crítico con esta sociedad pacata, es un bastante íntimo. A nuestro público le agrada este formato íntimo, cercano y crítico. Estamos agradecidos por su interés. Hace unos días terminamos el ciclo itinerante con una de nuestras piezas teatrales más solicitadas: Los Funerales de Doña Arcadia. Estuvimos en el Club de Teatro (Miraflores), en la Asociación de Artistas Aficionados (Cercado), en Arena y Esteras (Villa El Salvador) e inauguramos el Centro Cultural Molinos de Viento en San Juan de Miraflores.

-Pieza absolutamente contemporánea y crítica.

-Es un montaje vigente que sigue resonando en el público interesado por el trabajo de EspacioLibre. Los Funerales de Doña Arcadia toma como punto de partida el ensayo de Sebastián Salazar Bondy: Lima La Horrible. Una obra que se anticipó a nuestras actuales problemáticas socio-políticas. En estos últimos años nos hemos enfocado en trabajar con textos peruanos no dramáticos.

-¿Por qué esta necesidad de trabajar con textos de Sebastián Salazar, Martín Adán, Jorge Eduardo Eielson, Abraham Valdelomar o Amarilis?

-Porque son autores que dialogan con su país y ponen en manifiesto una experiencia aún vigente. Ellos piensan su territorio. Se piensan en su ciudad y en su país. A través de ellos dialogamos con nuestra historia. Es importante para nosotros poner en escena un texto que genere un pensamiento movilizador en el público.

-Finalmente. ¿Qué proyecto trabajan ahora?

– Estamos retomando por tres funciones la obra más longeva del grupo en la Asociación de Artistas Aficionados como parte de nuestro proyecto itinerante. Se trata de Paréntesis, el unipersonal de Karlos López Rentería. Por otro lado, y por primera vez, EspacioLibre va a tomar una posición política frontal. Aunque siempre hemos sido políticos en tanto nos reconocemos ciudadanos con un hacer creador participativo, nunca hemos tomado una postura partidaria. Hace algunos meses nos convocaron los colectivos Trenzar y Manada Teatro para participar en el proyecto escénico que tome como premisa Fujimori nunca más. Así nació Archivo F: Expediente Teatral. También se ha sumado Imaginario Colectivo.

-¿Por qué Fujimori nunca más?

-Porque estamos padeciendo de toda la contaminación que nos dejó el Fujimorismo. La cultura del atropello y de odio la tenemos encima. La cultura de las combis asesinas está de retorno. La prensa tomada. Los gobernantes títere. El sistemático vaciamiento cultural. Con el indulto a Fujimori todo esto se ha vuelto más evidente. Callarse es ser cómplices. Es urgente reflexionar juntos.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.