Carlos A. Ostolaza: “Mis colores son la mejor expresión de la poesía”

Premio de Pintura 1971 por la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, inaugura nueva exposición individual en Lucila Walqui Galería este jueves 13 de setiembre a las 7: p.m.

El destacado artista plástico Carlos Alberto Ostolaza Ramírez, abre la nueva muestra individual “Son, infancia y tierra”, exhibición que reúne una serie de dibujos y pinturas cuyos motivos de exploración son niños, infantas, así como mujeres y seres antropomorfos y casi marginados. Percepciones sobre las identidades del ser que son rebasadas por el vivir cotidiano, parte de una urbe caótica y deprimente, expresiva y reflexiva, característica de la pintura figurativa del siglo XX.

Es de gran importancia destacar la influencia literaria (narrativa y poética) que se vierte en sus obras. Ostolaza ha realizado también trabajos para portadas o viñetas para poemarios como los de Félix Germán Vivanco, Juan Ramírez Ruíz, Jorge Pimentel, Tulio Mora, Rosina Valcárcel y Melissa Patiño. Asimismo, para revistas y antologías como Alma Matinal, La Casa de Cartón y el Colectivo Macondo. Es considerado como parte del Movimiento literario Hora Zero que irrumpió en los años 70.

Para charlar al respecto Lima en Escena entrevistó al pintor Carlos Ostolaza… ¡Son y movimiento!

-Carlos en esta muestra que inauguras son los niños quienes ocupan parte de tus pinturas y dibujos. ¿Cuál es la cartográfica de esta producción pictórica en particular?

-Son niños y niñas de diversas partes del Perú. Niños andinos, niños urbanos… Algunos bailan. Faltaron los niños de nuestra Amazonía. Trabajé unos cuadros sobre ellos, pero penosamente ya no están conmigo. Los adquirieron.Piensa que mis dibujos y pinturas son proyectos o bocetos para mi obra pictórica. Amo el papel, la tela pero la tela es de mayor alcance y proyección. Soy pintor de huesos y piel. Son y movimiento.

– ¿Por qué niños-niñas Carlos?

-Es coyuntural. A menudo busco el personaje para crear, pueden ser mendigos, “mujeres de la vida”, esta vez son niños. Acaso porque todo pintor es un niño grande. De pequeño siempre busqué retratar mi imagen. Me autorretrataba. Ahora que estoy mayor me pinto joven. ¿Será la vanidad del arte? El arte es joven. Lo real yo no tuve hijos, mis obras son mis hijos y los bautizo.

-Todos los cuadros tienen una estética particular, sin embargo, llama la atención la vivacidad de los colores.

-Todo eso tiene una explicación. Si bien mi pintura tiene cierta influencia de los autores europeos, empero, en gran parte de las obras de los niños la influencia viene de la pintura latinoamericana. Admiro a Orozco, por sus murales y a Cuevas por sus dibujos. Me cautivan los trabajos de los panameños Alfredo Sinclair y Carlos A. Gonzales Palomino. Sus colores, sus personajes, me parecen notables. Alejandro Obregón, es un pintor colombiano neofigurativo, bebe de la libertad de la pintura abstracta. Él tiene un manejo sorprendente de los colores. Ellos maniobran su paleta de colores con maestría de acuerdo a sus emociones. Edi Di Cavalcanti y Cándido Portinari son fustigantes, su obra desgarrante me conmovió. Rosina me comentó el otro día que mientras dormía le tomé la mano y me la llevé. Realmente no lo recuerdo. Esta sensación de no evocar en que minuto le toqué la mano y la hice mía es para mí el arte. El arte es el hacer sin saber.

-Lo social es una fuerte carga de reflexión de esta serie de niños.

-Lo político y lo económico también. Eso lo puedes experimentar en sus vestimentas, en sus expresiones. Mis trazos se exaltan más cuando pintan a los niños pobres. Tengo más motivos para pintarlos. Me doblegan y me emocionan más estas problemáticas.

-Con respecto a los colores de tus cuadros en unos destacan los grises en otros los cálidos. ¿A qué responde esta dualidad?

-Nací en un ambiente de grises. Lima es gris. Probablemente mi vocación por usar estos colores responde a este origen. Poco a poco empecé a jugar con los grises y los cálidos. Ahora, cada obra juega con ambas tonalidades. Pero la presencia de Rosina en mi vida me abrió un arcoíris.

-Las miradas de estos niños son atractivas y llaman la atención del espectador…

-Los niños me dicen todo con su mirada tierna. Unas son inocentes y otras penetrantes… Son miradas de suma pureza. Estas imágenes, estas expresiones, forman parte de mis recuerdos. De escenas que he visto a lo largo de mi vida. Recuerdo un niño que observé en plena lluvia durante mi visita a la ciudad del Cusco cuando yo tenía 25 años. Era de aquellos infantes que les ofrecen paseos a los turistas. Me acerqué para solicitarle que me venda su poncho y me dijo que no. Esta anécdota es para comentarte que el proceso creativo del artista apela también al tema de la memoria: individual, social, política…

-A propósito del tema político. El cuadro de los dos niños compromete el tema político, ¿no?

-Sí. Esta obra surgió del impactó que me causó una foto en donde están Rosina y su hermano Xavier de niños en México. Fue el período cuando deportaron a su papá Gustavo. Efectivamente, es un cuadro con una fuerte carga política. En apariencia medio huérfana, puedes observar dos niños sujetados por una mano maternal. La mamá no figura en la imagen, pero sí podemos ver la mano de una mujer que sostiene a ambos. Son retratos familiares. Como éste tengo también a Odette, Milena, mis hijas espirituales, a Luana, mi nieta simbólica. A mis sobrinas. No suelo trabajar retratos familiares pero mi familia es un caso singular. Involucra un hondo cariño a todos sus integrantes, en particular a Rosina con quien camino ya 23 años.

-Carlos, existen niños perversos también…

-Claro. ¿Te recuerdas de Salvador Dalí?

-Por supuesto. Uno de los más conspicuos del surrealismo…

-Dalí fue un niño perverso. El empujó a un compañero de la escuela desde un segundo piso. ¿Te imaginas esa mirada…? Terrible.

-En esta selección de obras has incluido también un bodegón…

-Sí, se exhibirá un bodegón que pinté en honor a mi madre Alicia Ramírez. Se llama El bodegón de Alicia. Será el único que presentaré.

– ¿Y tus obras sobre los gatos?

-Mis pinturas dedicadas a los gatos ya nos las tengo conmigo. Se escaparon. Están en buenas manos. En una ocasión una persona le consultó a José “Chema” Salcedo si uno de mis gatos era de Botero y Chema le dijo: No, es un Ostolaza. Los gatos de Ostolaza tienen una gordura diferente.

-Carlos tu labor de pintor la realizas en paralelo con la ilustración.

-Siempre. Hago ilustraciones para algunos libros de autores que me solicitan. Ilustro los libros de Rosina, los del Colectivo Macondo. Hice algunas ilustraciones para ciertos libros de Hora Zero.

-Pintura y poesía, es una fórmula ideal de trabajo. ¿Qué piensas al respecto?

– La poesía se da también en la pintura. Mis colores son la mejor expresión de la poesía. En sus colores, en sus contrastes, en la armonía. Los colores se dominan de acuerdo a los años de trabajo, estudio, y experiencia. Todo ello es poesía. De hecho me nutro de la poesía de Rosina y de otros autores peruanos y latinoamericanos.

“Son, infancia y tierra” (Dibujo/Pintura)
Lucila Walqui Galería
Las Margaritas 167. San Eugenio, Lince
Temporada: del 13 de setiembre al 04 de octubre
Inauguración: jueves 13 de setiembre
Hora: 7 p.m.
Visitas: martes a sábado de 5 a 9 p.m.
Entrada libre

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.